El sepulcro del arzobispo Carrillo

El pasado 24 de mayo fueron presentados en la Catedral Magistral de Alcalá los relieves expoliados del sepulcro del arzobispo Alonso Carrillo de Acuña durante la Guerra Civil. La recuperación de este patrimonio robado es una de las mejores noticias de los últimos años y es una pena que no sean más abundantes pues podría hacerse con otras piezas robadas como los cuadros de Zurbarán de las Magdalenas.

En este tiempo se ha hablado mucho del estado de las piezas, de su reintegración en el sepulcro, de su expolio y de la historia de su recuperación. Pero poco se ha hablado de la obra artística. Así que os presento una de las joyas destruidas de nuestro patrimonio: el sepulcro del arzobispo Carrillo.

Sepulcro del arzobispo Alonso Carrillo de Acuña. Fotografía Jean Laurent (ca 1870) Archivo Ruiz Vernacci, IPCE.

EL ARZOBISPO ALONSO CARRILLO DE ACUÑA

Alonso Carrillo de Acuña fue un personaje fundamental de la Castilla del Siglo XV. Nacido en Carrascosa del Campo (Cuenca) en 1410 en el seno de una familia nobiliaria, sucedió a su tío Alonso de Carrillo como Obispo de Sigüenza (1436-1447). Alcanzó el arzobispado de Toledo con menos de cuarenta años y lo gobernó durante 36 (1446-1482). Su influencia en los reinados de Juan II, Enrique IV y de los Reyes Católicos como cabeza de la Iglesia española y Canciller Mayor de Castilla fue crucial en momentos tan importantes como en el matrimonio de Isabel y Fernando, en la llegada al poder de Isabel o en el estallido de la guerra de sucesión castellana. Y eso son palabras mayores.

Estatua del arzobispo Carrillo frente al convento de las Diegas, obra de Santiago de Santiago (1987)
Fotografía propia

CARRILLO Y ALCALÁ

Alonso Carrillo de Acuña tuvo una larga relación con Alcalá. No solo fue habitante habitual durante los 36 años que fue arzobispo de Toledo sino que se convirtió en uno de los mayores benefactores de nuestra historia, labor que aunque fue ensombrecida por la inmediata obra de Cisneros es merecedora de ser recordada: agrandó y fortificó el perímetro amurallado de la ciudad hacia el este, comenzó la remodelación de la Iglesia de San Justo para la que también consiguió el título de Colegial (la actual Catedral, que acabaría Cisneros en 1515), costeó la transformación de la ermita de San Juan de los Caballeros en Parroquia de Santa María (lo que hoy es la Capilla del Oidor) y ordenó construir el Monasterio de Santa María de Jesús o de San Diego, a las que dotaría de cátedras universitarias en 1473 y que Cisneros trasladaría a su Universidad. Además, tras enfrentarse a los Reyes Católicos y haber caído en desgracia, vivió sus últimos años de vida en nuestra ciudad en una especie de reclusión domiciliaria impuesta por los monarcas. Y así, este gran mecenas de nuestra ciudad, falleció en el Palacio Arzobispal de Alcalá el 1 de julio de 1482.

Vista del ala este del Palacio Arzobispal desde la Plaza de las Bernardas (1893) Hauser y Menet.
Esta parte del conjunto es la menos transformada desde tiempos de Carrillo.

Carrillo dejó dicho en su testamento que quería ser enterrado en el Monasterio de Santa María de Jesús que fundó en 1453. Fue sepultado en un primer momento en el centro de la Sala Capitular, lugar reservado a los miembros más importantes del convento franciscano. Cuando el sepulcro de alabastro blanco realizado por el Maestro Sebastián de Toledo estuvo terminado (se calcula que lo realizó entre 1482 y 1489), su cuerpo y el mausoleo se instalaron en el centro de la Capilla Mayor.

Monasterio franciscano de Santa María de Jesús o de San Diego, por Valentín Carderera y Solano (probablemente dibujado entre 1855 y 1860). Museo Lázaro Galdiano
Es la única imagen conocida del aspecto exterior del convento fundado por el arzobispo Carrillo.

EL SEPULCRO

El sepulcro seguía los cánones de la escultura funeraria del gótico final aunque el uso del medio punto nos avanza una transición al renacimiento. La escultura yacente del arzobispo reposaba sobre una cama almenada con decoración vegetal formada por una urna de forma paralelepípeda que guardaba el cadáver del arzobispo y que estaba ricamente decorada: en las esquinas se presentaban torreones con elementos decorativos en tracería gótica; ocho arcosolios de medio punto con ricas decoraciones vegetales en los paneles (tres en cada lateral, uno en la cabeza y otros a los pies); relieves de las virtudes cardinales en los arcosolios centrales (Templanza en la cabecera, Prudencia en el lado derecho, Fortaleza en el lado izquierdo y Justicia a los pies) y escudos familiares en los cuatro restantes.

Del conjunto, sobresalen los relieves personificando las virtudes cardinales. Esta temática de origen italiano no se generalizará por Europa hasta el siglo XVI por lo que el Maestro Sebastián se adelantó a su tiempo en nuestro sepulcro. Podemos verlas representadas como mujeres sedentes: la Fortaleza abre las fauces de un león, la Justicia lleva espada en su mano derecha y balanza en la izquierda, la Prudencia lleva una bolsa de la que va sacando monedas con la mano derecha y la Templanza sostiene dos botellas y derrama el líquido de una de ellas, probablemente vino. Estas dos últimas son las joyas recientemente recuperadas.

Culminando las cuatro caras y rodeando todo el sepulcro, una banda epigráfica con la siguiente inscripción en caracteres góticos:

D. O. M.
SEPULCHRUM REVERENDISSIMI
ADMODUMQUE MAGNIFICI
DOMÌNI GLORIOSAE MEMORIAE,
ALPHONSI CARRILLO,
TOLETANI ARCHIEPISCOPI,
HUJUSQUE MONASTERII FUNDATORIS,
QUI VIXIT ARCHIEPISCOPUS
XXXV. ANNIS , V. MENSIBUS,
ET X. DIEBUS , MORTUUSQUE
EST IN HOC COMPLUTENSI
OPPIDO PRIMA DIE JULII,
ANNI DOMINI MCCCCLXXXII.
AETATIS SUAE LXII. MENSIBUS X
ET XX. DIEBUS.

Para Dios, el mejor y el más grande. Sepulcro del muy reverendísimo y muy magnífico señor Alonso Carrillo, de gloriosa memoria, Arzobispo de Toledo, fundador de este monasterio. Vivió arzobispo 35 años, 5 meses y 10 días, falleció en esta Ciudad Complutense el primero de julio, año del Señor de 1482. A la edad suya de 68, 10 meses y 20 días.

La escultura del arzobispo se presentaba con la vestimenta episcopal, como el palio arzobispal y la mitra sobre la cabeza. Apoyado sobre su cuerpo y acabando sobre su hombro izquierdo estaba el báculo, dos almohadones sobre las que descansaba su cabeza y un león a los pies, que podría interpretarse como un protector del difunto o como símbolo de fidelidad. El rostro de Carrillo mostraba la seriedad y severidad que destilaba en vida, siendo realizada con gran realismo lo que nos hace pensar en el uso de mascarilla funeraria como en el de Cisneros. El último detalle interesante eran las manos unidas por las palmas en posición de oración.

TRASLADOS Y DESTRUCCIÓN

Debido a que provocaba grandes molestias al estar situado en el medio de la Capilla Mayor, su sepulcro fue trasladado en 1614 dentro de la propia iglesia del convento franciscano. Fue colocado bajo el arco de la recién tabicada capilla de los Guzmanes, fundada en el siglo 1540 por Don García Guzmán de Herrera, en el lado del Evangelio del Presbiterio. Costeó el traslado D. Juan de Acuña, I marqués de Villacerrato, quien hizo poner una lápida que decía:

D. O. M.
ILLUSTRISSIMUS, ET REVEREN-
DISSIMUS D. D. ILDEPHONSUS
CARRILLO DE ACUÑA , AR-
CHIEPISCOPUS TOLETANUS,
ET HUJUS OBSERVANTISSIMI
COENOBII FUNDATOR INCLI-
TUS, HOC MAGNIFICENTISSIMO
TUMULATUS SEPULCHRO,
AB ANTIQUO, IN QUO PER-
MULTOS JACUERAT ANNOS,
TRANSLATUS EST : JUSSU, ET,
EXPENSIS ILLUSTRISSIMI Dñ.
JOANNIS DE ACUÑA, MAR-;
CHIONIS DE VALLE, EJUS NE-
POTIS, REGIIQUE SENATUS
VIGILANTISSIMI PRAESIDIS
ANNO A CHRISTO NATO 1613.
JULII VERO DIE. OBIÍT ANNO
1482. JULII DIE PRIMA. VIXIT
IN ARCHIEPISCOPATUS 35
ANNIS &c. MENSIBUS QUINQUE.

Para Dios, el mejor y el más grande. Ilustrísimo y reverendísimo señor D. Alonso Carrillo de Acuña, arzobispo de Toledo e ínclito fundador del cenobio de Observantes, yace desde hace muchos años en este antiguo y magnífico túmulo funerario que ha sido trasladado a expensas del ilustrísimo D. Juan de Acuña, marqués del Valle, su nieto, vigilantísimo presidente del Consejo Real. Año del Señor de 1613. Murió el primer día de julio de 1482. Vivió arzobispo 35 años y cinco meses

En 1836, el Monasterio de Santa María de Jesús sufrió la Desamortización de Mendizábal y la exclaustración de sus monjes. Convertido en cuartel de caballería y ante el inminente derribo del conjunto, el 4 de julio de 1856 se publica el oficio para el traslado del sepulcro de Carrillo a la Magistral. También se salvó de la destrucción el pelícano que decoraba la clave del arco dónde estaba situado pues se pensaba erróneamente que estaba relacionado con el propio sepulcro. Como curiosidad os diré que al desmontarlo, encontraron que el arzobispo se encontraba en bastante buen estado y conservaba el pontifical con el que le vistieron.

El sepulcro de Carrillo fue situado en primera instancia en la Capilla de San Ildefonso de la Magistral y, finalmente, entre el trascoro y los pies de la iglesia. Y allí estuvo, espléndido y rodeado por su nueva reja, recibiendo a los visitantes de la principal iglesia de Alcalá. Sin embargo, todo se torcerá con el estallido de la Guerra Civil.

Sepulcro de Carrillo frente al trascoro de la Magistral (anterior a 1936) Archivo Moreno, IPCE

El cuarto día del conflicto, el 21 de julio de 1936, la Magistral fue quemada. Como ocurrió con todas las obras de arte de la principal iglesia de la ciudad, el sepulcro sufrió daños, desperfectos y saqueo. Además, en 1937, tal y como cuenta Lacarra, se hundió el dañado tramo de la bóveda de los pies de la iglesia y el mausoleo de Carrillo quedó hecho añicos.
A finales de verano de 1937, tras la recomendación de Lacarra, la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico creada por la República para salvar el patrimonio estatal recogerá los restos del sepulcro. Serán trasladado a Madrid junto a otras obras artísticas de la ciudad, algunos salvados también en la Magistral como los sepulcros de Cisneros y del canónigo Gregorio Fernández. Allí se almacenarán largo tiempo y se irán devolviendo paulatinamente a la ciudad aunque no todas acabaran regresando.

Desmontaje del sepulcro del canónigo Gregorio Fernández por la Junta del Tesoro (1937) Fichero Junta de Incautación (IPCE)

Hubo de pasar la Guerra Civil y buena parte de la dictadura para que los restos del arzobispo Carrillo fueron devueltos a Alcalá. Fue en 1973 cuando se depositaron en el mismo sitio en el que estuvo enterrado hasta la Guerra Civil. Ante el estado de su sepulcro y la entonces imposibilidad de restaurarlo, se creó una sencilla lápida blanca bajo la cual sigue aún enterrado y que podéis ver si visitáis el templo.

Lápida funeraria actual del arzobispo Carrillo en la Catedral Magistral. Fotografía propia.

No será hasta 1997 cuando el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) restaure el sepulcro de Carrillo, de una manera un tanto cuestionable, y lo retorne a la ya Catedral-Magistral, siendo depositado en el museo. Y allí lo podemos contemplar hoy junto a los dos relieves recuperados a la espera de su integración en el conjunto.

Esta es la historia del sepulcro de Carrillo, una joya del Maestro Sebastián de Toledo que los avatares y dislates de la Historia no nos permiten disfrutar en su plenitud pero que nos ha dado la reciente alegría de la recuperación de sus relieves saqueados.

 

* Todas las fotografías actuales del sepulcro son propias del autor del texto.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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