La mesa de la canonización de San Diego

Corría el dos de julio de 1588 cuando el Papa Sixto V canonizaba a Fray Diego de San Nicolás en una ceremonia realizada en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Fue la única canonización que realizó la Iglesia Católica en todo el siglo XVI y el primer hermano lego santificado de la Orden franciscana. A pesar de que su fama de santidad se extendió aún en vida y se fortaleció con el apoyo de los reyes de Castilla como Enrique IV, fue a raíz del apoyo de Felipe II tras la curación de su primogénito Carlos cuando se lanzó un largo proceso de canonización que se extendería durante 25 años, entre 1563 y 1588, y por cuatro pontificados: Pío IV, Pío V, Gregorio XIII y Sixto V. Todo aquello culminaría en aquella celebración tras la cual el papa rompería con la costumbre que decía que los objetos utilizados en las canonizaciones debían permanecer en el templo donde se realizaban. Sin embargo, Sixto V regaló la mesa del altar y el estandarte a Felipe II y, éste, los regaló al Monasterio de San Diego para la celebración de los actos conmemorativos que se harían en Alcalá al año siguiente. Tras aquello, la urna que aún hoy contiene los restos del santo y el resto de objetos fueron depositados en la Capilla de San Julián de la iglesia del Monasterio de San Diego.

¿Y por qué os cuento esto? No son demasiados los objetos del antiguo Monasterio de Santa María de Jesús que nos han llegado hasta nuestros días y, menos aún, permaneciendo en Alcalá. Pero la mesa de altar de la que os hablo en esta entrada sí que pervive entre nosotros. Pero antes de deciros donde está, os la presento con la foto que le realizara el fotógrafo Moreno antes de la Guerra Civil.

Mesa de altar de la Canonización de San Diego, Vicente Moreno, Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Mesa de altar de la Canonización de San Diego, fotografía de Vicente Moreno (1920-1936)
[Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte]

La mesa está hecha de nogal, midiendo 333 cm de largo por poco más de un metro de ancho (16×5 si hablamos de palmos, la medida que se utilizó al realizarla). Las seis columnas torneadas que la sostienen tienen las basas y los capitales dorados, teniendo en el friso corrido una inscripción en latín escrita con letras de oro cuya traducción dice lo siguiente:

Altar en el que celebró Sixto V la Canonización de San Diego, de la Orden de los Menores de San Francisco, que se hizo en Roma en la Basílica de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, el dos de julio del año del Señor de mil quinientos ochenta y ocho, año cuarto de su pontificado, a instancias del potentísimo e invictísimo Felipe II, rey católico de las Españas.

Tras la desamortización del Monasterio de San Diego y la exclaustración de los franciscanos, la mesa fue trasladada a la iglesia del Oratorio de San Felipe Neri. Allí estuvo durante años, sobreviviendo a la Guerra Civil, de donde pasaría a la Magistral. En la actualidad podemos encontrarla allí, situada en el presbiterio. De hecho, y no sé si lo sabíais, es la actual mesa de altar de la Catedral Magistral.

Así que ya sabéis: cada vez que vayáis a la Catedral, sabed que la mesa del altar mayor es la misma sobre la que, un 2 de julio de 1588, el papa celebró la canonización de San Diego en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Nada menos.

P.D. Como curiosidad final, os diré que cuando Sixto V regaló la mesa a Felipe II, puso algunas condiciones con el objetivo de que ese objeto tuviera la veneración acorde a su importancia: solo podía celebrarse misa en ella los días de Nuestro Señor, de la Purísima, del Jueves Santo “que se dice de la cena”, en todos los Santos y el día de San Diego. Además, solo podrían celebrar misa sobre ella Cardenales de la iglesia de Roma, Patriarcas, Arzobispos, Obispos, Abades de mitra y báculo, Sacerdotes y el Prior del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. El siguiente papa, Paulo V, extendió el permiso al Superior de la Orden Franciscana de la Provincia de Castilla y al Guardián del Monasterio de Santa María de Jesús. Hoy aún se cumple la segunda premisa pero la primera pasó a mejor vida.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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2 respuestas a La mesa de la canonización de San Diego

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