La reversión de las reliquias de los Santos Niños

Ayer se cumplieron 450 años de la reversión de las reliquias de nuestros patrones desde San Pedro el Viejo en Huesca. A lo largo de estos días, la diócesis ha preparado una serie de actos para la celebración, entre las que destacan una exposición en Santa María la Rica y el préstamo temporal de las reliquias de los Santos Niños que quedan en la parroquia oscense y con las que se recreará como fue la gran fiesta que disfrutó nuestra ciudad el 7 de marzo de 1568. “La fiesta más grande de la Historia de Alcalá” en palabras de Ambrosio de Morales. Para que entendáis mejor que es lo que vamos a celebrar, os voy a contar que es lo que pasó hace 450 años.

Los Santos Niños con Alcalá de fondo. (s. XVII-XVIII) Fuente: jccanalda.es

LOS SANTOS NIÑOS: UNAS RELIQUIAS VIAJERAS

Como sabréis, la tradición indica que los Santos Niños, Justo y Pastor, fueron martirizados el 6 de agosto del año 304 en el contexto de la conocida como “La Gran Persecución” contra el cristianismo ordenada por el emperador Diocleciano en el 303. La misma tradición señala al prefecto Publio Daciano como el que ordenó su ejecución. En el lugar donde fueron decapitados se levantó un Martyrium para mantener el recuerdo de su sacrificio, lugar que se convertiría en uno de los centros de peregrinajes más importantes de la Hispania visigoda. Tras la invasión musulmana en el siglo VIII, las reliquias de los Santos Niños y de San Asturio de Toledo, primer obispo complutense, fueron llevadas hacia el norte por San Urbicio o Urbez, quien las depositó en el valle del Nocito. Tras muchas visicitudes, acabaron en el Monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

Interior de la iglesia del Monasterio de San Pedro el Viejo (Huesca)
Fuente: queverenelmundo.com

Tras la conquista cristiana de Alcalá en el 1118 y la creación de la ciudad actual a partir del 1129, se construyó una iglesia en honor a Justo y Pastor en el lugar que la tradición marcaba como el de martirio, el llamado Campo Laudable. Tanto los primeros monjes como el posterior cabildo de canónigos que ocuparon el templo pidieron en reiteradas ocasiones la vuelta de las reliquias de los Santos Niños e incluso se intentó traerlas a la fuerza en un par de ocasiones, como os contaré en otro artículo futuro. Así llegamos al siglo XVI, a tiempos de Felipe II, y Alcalá seguía sin tener de vuelta a sus patronos. Pero eso no tardaría mucho en solucionarse.

“Felipe II” por Sofonisba Anguissola (1565) Fuente: wikipedia

LA RECUPERACIÓN DE LAS RELIQUIAS

Fue un gran humanista, profesor de Retórica en la Universidad de Alcalá, cronista de Felipe II, miembro de la Cofradía de los Santos Niños de Alcalá y testigo de excepción, Ambrosio de Morales, quien relató como sucedió todo en su obra La vida, el martyrio, la invención, las grandezas y la translaciones de los gloriosos niños Martyres San Justo y Pastor (1568)

“La vida, el martyrio, la invención, las grandezas y las translaciones de los gloriosos niños Martyres San Justo y Pastor” por Ambrosio de Morales (1568) Ejemplar de la Universidad Complutense proveniente del Colegio Imperial de Jesuitas de Madrid.

En julio de 1547, el aún príncipe Felipe pasó por Alcalá camino de Monzón y visitó la Magistral. El cabildo aprovechó para pedirle que ayudara a recuperar las reliquias de Justo y Pastor y se comprometió a hacerlo. 20 años después, tras otra petición del cabildo, el ya rey Felipe II encargó a su embajador en Roma, Luis de Requesens, que intercediera ante el papado por la causa complutense. El 12 de abril de 1567, Pío V firma un breve en el que solicita el traslado de parte de las reliquias guardadas en San Pedro el Viejo a la Magistral. Trasladado al obispo de Huesca, junto a cartas del príncipe Carlos y del Consejo de Castilla, se acordó la partición de las reliquias con los canónigos enviados por la Magistral. Y así, un 24 de enero de 1568, un arca que contenía la pierna izquierda desde la rodilla de San Pastor (quien antes de la partición estaba entero y sin división ninguna, cubiertos los delicados huesos de la carne y ésta del vestido) y parte de la espalda, hombro derecho y una costilla de San Justo salía en procesión desde Huesca hasta Alcalá de Henares.

“Pio V” por El Greco (1605) Fuente: wikipedia

LOS PREPARATIVOS

Tras hacer paradas en Zaragoza, Calatayud, Ariza, Santa María de Huerta, Medinaceli, Sigüenza, Hita y Guadalajara, llegaron a Meco el 21 de febrero de 1568. Alcalá procedió a preparar la entrada a la ciudad de las reliquias. Se invitó a Felipe II a los actos como responsable principal de la vuelta de los Santos Niños pero la complicada situación familiar le hizo declinar, enviando en su nombre a un gran número de nobles, caballeros y damas de la Corte entre los que destacaban el Almirante de Castilla, el Príncipe de Urbino y la Princesa de Éboli. En el lluvioso sábado 6 de marzo llegaron a nuestra ciudad sacerdotes y fieles de todas las parroquias y arciprestazgos que pertenecían a Alcalá con sus pendones, hachas, cirios y cruces parroquiales. Ya estaba preparado todo para el gran día, el domingo 7 de marzo.

ALCALÁ RECIBE LAS RELIQUIAS

Alcalá de Henares por Anton von Wyngaerde (1565)
Al final de la ciudad se ve la Puerta de Guadalajara.

Eran las 8 de la mañana del primer domingo de Cuaresma y en palabras de Ambrosio de Morales, se despobló Alcalá para yr a la santa romería. De hecho relata como los grandes nobles que vinieron de la Corte dijeron no haber visto nunca tal marabunta de gente y calcula que llegaron a Alcalá más de 1000 carros y coches desde otras poblaciones. Salieron de Alcalá por la Puerta de Guadalajara (situada al final de la calle Libreros y derribada en 1853 según el investigador José Carlos Canalda) para encontrarse con las reliquias de los Santos Niños que habían salido muy temprano desde Meco y estaban esperando en el prado de la Esgaravita, a media legua de Alcalá. Allí se reunieron y volvió a la ciudad la gran comitiva organizados de la siguiente manera:

  • Una compañía de 400 soldados con arcabuces para realizar salvas abría la comitiva.
  • 220 pendones de las cofradías de Alcalá y su tierra junto a 200 cruces parroquiales.
  • 1500 cofrades con velas y hachones y los concejos de las villas de Alcalá.
  • 136 cruces de plata
  • Danzantes
  • Medio millar de religiosos y sacerdotes, entre ellos los de los colegios universitarios.
  • La Universidad: 40 doctores en Teología, 10 de Cánones, 14 en Medicina, 100 Maestros en Artes, los 33 colegiales mayores y un gran número de estudiantes de la Universidad.
  • El Cabildo de la Magistral, compuesto por 6 dignidades, 29 canónigos, 19 racioneros y 12 capellanes, encabezado por el Doctor Hernando de Balbás, Abad Mayor de la Magistral
  • El Maestro Juan Calderón (Rector de la Universidad), el Licenciado Martín López de Salas (Vicario General de Alcalá) y el Doctor Gutierre Gómez Prado (Corregidor), con el resto del Concejo de la Villa de Alcalá.
  • Pendón de los Santos Niños y la litera con el arca de plata que contenía las reliquias.
  • Una carroza representando un castillo para realizar obras teatrales.
  • Dos gigantes y un gran número de músicos, entre ellos 15 menestriles (músicos profesionales que tocaban principalmente la chirimía, el sacabuche, el bajón y la corneta, a las que se les añadía la flauta, orlos, vihuelas…)

Ministriles

A 200 pasos de la Puerta de Guadalajara se había levantado un bello túmulo decorado con alegorías, coplas, rimas y danças en honor a los Santos Niños. Debajo se colocó una rica cama con grandes andas costeada por Fernán López del Campo, Factor General de Felipe II, dónde depositaron las reliquias y comenzó una representación teatral en la carroza del castillo. Salió primero el Genio de Alcalá, un ángel custodio recitando unos versos en los que daba las razones por las que ofrecía a los Santos Niños las llaves de Alcalá que portaba en sus manos. Siguió con otras represetanciones que no especifica Ambrosio de Morales, acompañadas de música. Al terminar, el regimiento militar y el gobernador tomaron las andas y se encaminaron hacia la primera parada, amenizada con música, en la Puerta de Guadalajara.

Túmulo funerario efímero para las exequias de Carlos V en la iglesia de San Benito de Valladolid (1558)

La ciudad había aderezado la Puerta de Guadalajara, que fue decorada con frescos para la ocasión. Hondeando sobre la torre se colocó un gran estandarte carmesí de tafetán y en cada almena gallardetes del mismo material. En el cubillo que la culminaba aparecía pintado el escudo de armas de Felipe II con las armas de su magestad, con la corona y toisón de oro y colores. A ambos lados, los relatos del martirio de los Santos Niños que hicieran el poeta calagurritano Aurelio Prudencio (s. IV) y el arzobispo san Ildefonso de Toledo (s. VII). Debajo de ellos, se pintaron el escudo de armas de Alcalá y de D. Gómez Tello Girón, gobernador de la diócesis toledana en ausencia del arzobispo Bartolomé de Carranza. Finalmente, bajo los escudos, se pintó un gran lienzo sobre el martirio de los Santos Niños acompañados a ambos lados por otros dos alegóricos que describe Ambrosio de Morales:

En lo alto esta Dios padre, y luego descienden ángeles con coronas de laurel en las manos, para coronar los Santos Niños, que estan en lo baxo. Al uno, que esta hincado de rodillas, le tiene un verdugo ya por los cabellos, para cortarle la cabeça, y parece que se detiene porque habla con un viejo que esta allí presente. Y el otro santo esta también hincadas las rodillas,y puestas las manos, esperando el golpe de otro verdugo, que ya lo va a dar. Y el cruel Daciano esta un poco apartado, sentado en una peña, como que habiendo mandado lo que se había de hazer, no quiso después hallarse allí cerca.

A los lados deste quadro, en lo que resta de la torre, están dos tondos sobre dos piedestales acompañados de muy lindas figuras. En el primero está pintado en lo alto el Agnus Dei, que le salen de pies y manos y costado cinco chorros de sangre, de que se haze abaxo un lago, y los dos sagrados niños Justo y Pastor van alli, a mojar sus vestiduras, para representar todo lo del Apocalypis, y dize la letra en el piedestal. “Quam bene divinos agni testantur amores: Quum stolas fuso sanguinis amne lavant”
En el otro tondo está el rio Henares, que como ensalçandose con la sangre de los dos martyres, la derrama por su Urna, y tiñe con ella su corriente. Los versos dizen en el piedestalHoc decus aeternum, tinctae hoc decurrite lymphiae: Hic mihi namque cruor gloria maior erit”

Bajo la pintura central, un gran cartel con la inscripción que relata la marcha y regreso de las reliquias a la ciudad. Finalmente, por debajo de todo lo explicado y rodeando el arco de la puerta, una arquitectura fingida con doble columnado, arquitrabe, friso y cornisa. En el friso se leían dos versos en latín al igual que en la ménsula sobre la clave del arco y en los intercolumnados laterales.

Arco triunfal efímero creado para la entrada de Ana de Austria, 4ª esposa de Felipe II, en Madrid (1570)
Fuente: pasionpormadrid.blogspot.com

Así pues, la procesión entró en la ciudad por la Puerta de Guadalajara, conocida desde ese momento como la Puerta de los Mártires y realizó una nueva parada musical frente a la puerta del Colegio de la Compañía de Jesús. Los jesuitas habían levantado un altar ricamente decorado y llenado la fachada con tapices sobre los que había cartones donde se podían leer versos y coplas en castellano y latín que describían la vida, martirio y milagros de los Santos Niños. El resto de casas de la calle Libreros también estaban llenas de tapices y banderolas en los balcones. Giró la procesión por la calle Beatas, cuyas casas estaban también engalanadas, y se realizó una nueva parada musical frente al Monasterio de Santa María de Jesús. El monasterio franciscano había levantado un rico altar en la portería, con dos coronas de laureles y una representación del beato Fray Diego de San Nicolás, que sería canonizado ese mismo año, con unos versos en latín en alabanza a Justo y Pastor. En la puerta de su iglesia, entre tapices y doseles, una pintura del arzobispo Alonso Carrillo, fundador del monasterio, versos latinos y en romance de loa a los Santos Niños, a la piedra de martirio y a Felipe II.

Monasterio franciscano de Santa María de Jesús o de San Diego, por Valentín Carderera y Solano (probablemente dibujado entre 1855 y 1860). © Fundación Lázaro Galdiano. Madrid
Es la única imagen conocida del aspecto exterior del monasterio fundado por el arzobispo Carrillo y que fue su lugar de reposo hasta 1857.

Tomaron aquí las andas los colegiales mayores, algunos religiosos y personas principales de Alcalá. Siguió la comitiva girando hacia la fachada de la Universidad. Tendréis que saber que aún no se había creado la plaza de San Diego y en el lugar dónde hoy están los jardines se levantaba el primer Colegio Trilingüe, que se trasladaría a su edificio actual tras el derribo de este primero poco tiempo después. Todas las fachadas del colegio estaban cubiertas de paños de oro y seda con versos de alabanza a los Santos Niños, salmos, textos de las sagradas escrituras e incluso tercetos de Dante en todas lenguas, motrando los buenos ingenios, que en aquel colegio ay. Sobre la puerta se encontraba San Jerónimo, patrón del colegio, y frente a ella los colegiales ofreciendo sus mantos morados y becas de grana mientras recitaban versos en latín.

Patio Trilingüe, por Antonio Passàporte (prob. 1927-28)
[Archivo Loty, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte] A este edificio se trasladó el Colegio Trilingüe poco después de 1568 pues ya estaba terminado.

El Colegio Mayor de San Ildefonso se esforzó para sobresalir sobre los demás. Tenía todas sus fachadas engalanadas con paños de oro y seda y en la puerta de la Capilla de San Ildefonso había levantado un rico altar. Pero lo más destacable fue el arco del triunfo pintado de blanco, negro, oro y plata que construyeron rodeando el arco de la Universidad. Con más de 11 metros de ancho y 16 de alto, tenía dos parejas de columnas de más de 5 metros de alto a cada lado con figuras en pedestales. En los primeros se encontraban San Asturio de Toledo, arrodillado con un texto latino relatando su relación con los mártires, y el Cardenal Cisneros, con otro texto en latín que describía como había intentado recuperar las reliquias. Sobre ellos, medallones. En uno estaba San Félix de Alcalá, monje benedictino martirizado en Córdoba en el 856, y en el otro el beato fray Diego de San Nicolás. Por encima del arco y las columnas, un arquitrabe con cornisa y un friso de 140 centímetros donde se leía la dedicatoria a los mártires, a Felipe II y a Pío V en letras de oro y plata. Sobre esto, otro cuerpo de casi 4 metros con columnas de capiteles dorados separando tres calles siendo la central mayor que las laterales. En la parte inferior había un cuadro de Felipe II y de tres reyes antiguos con textos en cartelas, a los que se les suponía una principal devoción por los Santos Niños. Felipe II aparecía con toga blanca, armado a la Romana antigua y el escudo de Castilla y León. Junto a él estaba Ramiro II con armadura castellana y el escudo del reino de León que gobernó. A los lados aparecían los reyes visigodos Chindasvinto y Ervigio con armadura gótica, carcaj con flechas a la espalda y un escudo con campo azul y león rojo rampante sobre ondas azules y plata.
Sobre los reyes y separados de ellos por una cornisa y un pequeño entablamento, aparecía un gran cuadro de San Ildefonso de Toledo con los brazos abiertos y textos laudatorios y otros dos más pequeños: en uno se veía a san Justo hablando con san Eugenio de Toledo y en el otro a san Pastor hablando con santa Leocadia.
Rematando el arco, un frontón con dos cuchillos, en recuerdo del martirio, y el escudo del Cardenal Cisneros con cruz y capelo cardenalicio.

Vista del arco universitario desde la Plaza de San Diego (1846). Valentín Carderera y Solano. © Fundación Lázaro Galdiano. Madrid

Allí se realizó una nueva parada, depositando las reliquias en el altar universitario y comenzó una gran representación teatral del Auto del martyrio de Sant Justo y Pastor que había escrito el maestro Alfonso de Torres, dramaturgo, catedrático de Retórica y patrón del Colegio de san Isidoro. Sin embargo, y ante la cantidad de gente que había, tuvieron que suspenderla antes de terminar y la procesión continuó su camino.

Arco de la Universidad desde la Plaza de Cervantes, por Vicente Carderera (1846)

Tras pasar por la Plaza del Mercado (hoy de Cervantes), llegó la comitiva a la Calle Mayor. Estaba toda ella engalanada con tapices y paños en portales y columnas. Al final de ella, los mercaderes habían levantado un altar y otro arco del triunfo. En vez de de columnas, eran dos cariátides quienes sustentaban el conjunto, con epígrafes latinos. Una portaba el globo celestial en una mano y el terráqueo en otra, representando la liberalidad de Dios. La otra llevaba una cruz arzobispal y un cetro real, representando la liberalidad de los arzobispos de Toledo y de los reyes. Las cariátides sustentaban un arquitrabe con friso y cornisa de unos 8 metros de ancho por 4 de altura que contenía varias pinturas. En el centro había una hermosa mujer sentada con majestuosidad en un rico trono representando Alcalá de Henares. Llevaba corona de espigas de heno y de la silla salían dos cornucopias de oro y plata de los que salían espigas de trigo de una y racimos de uvas de otra, demostrando la riqueza de nuestros campos. A un lado había un púlpito lleno de bonetes con la borla blanca de los teólogos representando la Magistral y un facistol para representar el coro y los oficios religiosos. Al otro lado, había una cátedra llena de bonetes con borlas de todos los colores representando la Universidad. En dos pequeños compartimentos hacia el exterior había dos manos que se tocaban, representando los negocios, y una colmena de abejas representando la industria, el esfuerzo necesario para tener la ganancia. Así pues, alegorías sobre la labor comercial de quienes crearon el arco. Alcalá señalaba con una mano hacia abajo, donde estaban los textos laudatorios, y con la otra hacia arriba donde estaban representados los Santos Niños, San Félix Complutense y fray Diego de san Nicolás. Sobre los santos estaba la dedicatoria, un frontón con un gran vaso antiguo de oro y plata junto a una gran bola de oro.

Arco triunfal efímero en honor a Alfonso XII en la Calle Mayor de Madrid, fotografía de Jean Laurent (1875) Museo Municipal de Madrid

Tras una parada en el arco de los mercaderes amenizada con música de bozes y menestriles, la comitiva pasó bajo él y giró por la calle de las Tocinerías (hoy de san Felipe Neri) hasta la Plaza de Palacio, donde la Marquesa de Cañete había decorado su palacio con paños y damascos carmesí. Tras pasar por ella, tomaron la calle San Juan donde el Convento de san Juan de la Penitencia, las Juanas, había levantado en el medio de la calle una gran nube redonda representando el cielo para representar el martirio debajo de ella con la carroza del castillo. Esta parada fue más breve de los planteado porque comenzaba a hacerse tarde y las andas con las reliquias apenas de detuvo. Llegó así la comitiva a la plazuela de Abajo, frente a la puerta de la Magistral. Allí habían colocado los notarios de las Audiencias del Vicario y del Gobernador dos altos troncos mondados de álamo con piezas de tafetán de diversos colores en lo alto para que los más atléticos subiesen a por ellos.

Fachada de la Magistral, por Javier Parcerisa (1853)

La lonja de la Magistral estaba adornada con un gran altar ricamente decorado en el testero. Por la misma se repartían dos columnas coronadas y pequeños arcos con medallones, tondos y poemas en latín y castellano. Allí se veían símbolos del martirio y de la Gloria de Dios como el yugo, el sol, la luna o el girasol, entre otros. También estaban Alcalá, Narbona y Huesca, lugares de destino de las reliquias. Sobre los muros, ricos tapices y cuadros de diversos artistas que se presentaron al concurso organizado para tal fin, representando de diversas formas el martirio de los niños.
En la puerta de la Magistral se había creado el último arco triunfal con columnas dobles. Este era de piedra caliza fingida, muy pomposo y pintado de oro y plata. En los pedestales se representaban las virtudes y en los intercolumnios había cuatro pinturas. En las dos inferiores se representaba a san Eugenio predicando junto a Cristo y en el otro estaba Daciano descendiendo a un infierno lleno de demonios. Sobre ellos, el martirio de los Santos Niños con ángeles que descendían a honrarles y cristianos recogiendo con veneración sus cabezas mientras que en el otro lado se representaba el descubrimiento de las reliquias por parte de San Asturio de Toledo, quien se hallaba arrodillado tras haber colocado los restos de Justo y Pastor en su urna de jaspe con una procesión de cristianos junto a él.
Culminando esta parte aparecían el arzobispo Carrillo y el Cardenal Cisneros en sendos tondos. Sobre el arco, un entablamento con una cartela con versos laudatorios en latín y tres cuadros también con versos latinos. En el mayor del centro aparecía representada la Santa Capilla, la cripta de los Santos Niños con la piedra martirial y la urna de jaspe rojo sobre el altar. En el de la izquierda se podía ver a Luis de Requesens, embajador en Roma, arrodillado y recibiendo el breve que daba luz verde al traslado de las reliquias de manos del papa Pío V. En el de la derecha aparecían dos canónigos de la Magistral arrodillados frente a Felipe II, quien les entrega el breve papal.
Culminaba el conjunto un frontón circular aparecía San Pedro junto a sus parroquianos de Huesca. Llevaba las llaves al cinto y en una mano extendida presentaba dos más pequeñas, simbolizando la cesión de las reliquias. Y sobre él, el escudo de la Magistral en el que se ven los Santos Niños con palmas y libros.

 

Aunque estaba previsto realizar una nueva parada con representación teatral en el altar, se tuvo que suspender porque estaba ya anocheciendo y pasaron todos al interior de la Magistral. Ésta estaba ricamente engalanada con tapices propios y los de la colección del Apocalipsis que había adquirido Carlos V en Flandes en 1553, prestados por Felipe II para la ocasión. En la Capilla Mayor había otra colección de tapices del rey Felipe II y un gran túmulo funerario creado para depositar las reliquias de los Santos Niños lo que se hizo con gran boato mientras resonaban las voces de los cantores de la Capilla Real traídos por Luis Manrique de Lara, limosnero mayor de Felipe II. Eran las 6 de la tarde y culminaba así un gran acto de 10 horas de duración: los Santos Niños habían vuelto a Alcalá.

MÁS CELEBRACIONES: EL OCTAVARIO

Hoguera de Santa Lucía. Este tipo de festejos fueron muy populares en Alcalá durante la Edad Moderna. Fotografía: http://www.dream-alcala.com

Esa misma noche se hizo una gran Fiesta a Caballo con más de 30 participantes y comparsas musicales con hachones recorrieron toda la ciudad tras el pendón de los Santos Niños, iluminándose Alcalá con luminarias y hogueras, parecidas a la que aún se realiza por Santa Lucía. A lo largo de la semana siguiente se sucedieron oficios y celebraciones religiosas diarias por toda Alcalá, un octavario, que tuvo cuatro acontecimientos principales:

  • Lunes 8 de marzo, mañana: misa cantada en la Magistral con la presencia del coro de la Capilla Real, los miembros de la Corte y la predicación del Doctor Alonso de Mendoza, catedrático de Teología de la Universidad de Alcalá y sobrino del Cardenal Cisneros.
  • Lunes 8 de marzo, tarde: La Universidad repite, esta vez completa, el auto teatral interrumpido el domingo y hace entrega de premios a los artistas que realizaron el arco y los poemas.
  • Miércoles 10 de marzo: Entrega oficial de las reliquias de los Santos Niños al cabildo de la Magistral de manos de Juan de Torres, obrero y canónigo de Jaca, y 7 ciudadanos principales de Huesca que las acompañaron en su peregrinaje hasta Alcalá. Abrieron el arca con las cuatro llaves, comprobaron que las reliquias correspondían con lo acordado y que nada se había perdido en el viaje, redactándose todo el proceso ante notario. Entre los testigos que firmaron el documento se encontraban el Rector de la Universidad, el Corregidor, otros miembros del Concejo y Universidad y Luis Enríquez de Cabrera, duque de Medina del Rioseco.
  • Domingo 14 de marzo, en Vísperas (hacia las 18 horas): Fin del octavario. En el crucero de la Magistral, entre los dos coros, se había colocado la gran nube del convento de las Juanas y el castillo debajo para representar las obras teatrales anuladas el domingo. Tras presentar la primera obra el Ángel Custodio, se representó el martirio de los Santos Niños acompañando el coro de la Magistral en los cantos y villancicos. Una vez terminado, se representó un coloquio entre san Eugenio, san Asturio y otros personajes. Acabó el acto con la entrega de premios y bailes.

Cisneros y los Santos Niños, por Pedro Requejo (2018) Escultura recién instalada en la lonja de la Catedral de Alcalá

Y así terminaron los grandes festejos con los que Alcalá celebró la vuelta de sus santos patronos a la ciudad. Sé que es un artículo más largo y denso que de costumbre pero quería describir lo mejor posible como fueron aquellos días y que vosotros, al leerlo, os trasladéis con vuestra imaginación 450 años atrás. Un viaje a principios de marzo de 1568.

 

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia. Complutense y amante de nuestra ciudad
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3 respuestas a La reversión de las reliquias de los Santos Niños

  1. Landy dijo:

    Muchas gracias de nuevo por tu aportación.
    Saludos

  2. Zuriñe dijo:

    Sin duda un gran recibimiento.
    Me ha parecido fascinante y asombrosa la transformación que debió realizarse en las calles alcalaínas de la época.
    Gracias al detalle con lo que lo has descrito, no te quepa la menor duda de que me he trasladado en el tiempo y he vuelto a fascinarme con tu relato.
    Nuevamente gracias por tu labor difusora de nuestra bella y desconocida ciudad: Alcalá.

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