La peligrosa misa del hijo de Ambrosio Spínola

Cuando los guionistas de El Ministerio del Tiempo eligieron a Ambrosio Spínola como la figura que salva el ministerio de la ocupación nazi en el tercer capítulo de la primera temporada, no fue por casualidad. Este militar genovés fue uno de los grandes jefes militares de los tercios españoles en Flandes, donde salió victorioso en numerosas batallas y tomó varias ciudades de importancia, entre ellas Breda. De hecho, es la conquista de esta ciudad la que le hizo pasar a la Historia al ser inmortalizado por Velázquez en el afamado cuadro de la Rendición de Breda. Por ello no es de extrañar tampoco que fuera el elegido para acompañar a los protagonistas en el primer capítulo de la segunda temporada que trata sobre El Cid Campeador.

“Ambrosio Spínola”, interpretado por Ramón Langa en El Ministerio del Tiempo

Para nuestra desgracia por lo interesante del personaje, Ambrosio Spínola no tiene relación directa con nuestra ciudad y por ello no os voy a hablar de él. Pero sí existe una conexión muy fuerte a través de uno de sus hijos, el cardenal Agustín Spínola. Este vivió durante años en Alcalá recibiendo numerosas y largas visitas de su familia, incluyendo al Capitán General en las pocas ocasiones en las que se encontraba en la Corte y no en Flandes. Fue un personaje admirado y respetado en nuestra ciudad aunque en cierta ocasión tuvo un pequeño problema. Esa anécdota es la que os traigo hoy.

Agustín Spínola Basadone fue el tercer y último hijo de Ambrosio Spínola tras Filippo y Polissena. Nacido en Génova en 1597, a los diez años fue enviado por su padre a España para servir como menino de la reina Margarita de Austria-Estiria. Estando en la Corte, fue a Alcalá a estudiar gramática en varias ocasiones como era costumbre entre los niños cortesanos. Fueron cuatro los años que permaneció en ella Agustín hasta la muerte de la reina, acaecida en octubre de 1611. Decidió entonces su padre enviarlo a la Universidad de Salamanca, estancia que se alargó hasta que consiguió el título de Bachiller en Cánones y Leyes a los 19 años, en 1616.

Cardenal Agustín Spínola Basadone.    Fuente: spinolahistory.wordpress.com

Su llegada a Alcalá se produjo ese mismo año para realizar una pasantía y profundizar en sus estudios. Su vocación religiosa, ya manifestada en Salamanca, le hacía estar en contacto permanente con los miembros de la Compañía de Jesús con los que solía hacer retiros y participar en sus actividades. Fue precisamente tras uno de esos retiros en el Convento de Jesús del Monte en Loranca de Tajuña cuando el papa Paulo V le nombró Cardenal de San Cosme y San Damián en enero de 1621. Tras recibir el capelo cardenalicio en el Monasterio de Lupiana y convencido de su vocación religosa, se decide por el sacerdocio. Tras ser ordenado permanece en Alcalá y continúa recibiendo las visitas de su familia, incluido su padre Ambrosio Spínola cuando le es posible. Suele decir misa y predicar tanto en la Universidad como en el colegio jesuita. Y precisamente allí, en la iglesia de Colegio Máximo de los Jesuitas es donde aconteció todo.

Claustro del Monasterio de Lupiana, dónde Agustín Spínola recibió el capelo cardenalicio.          Fuente: zankyou.com

Cuenta el padre Gabriel de Aranda, biógrafo del cardenal, que con motivo de la canonización de san Ignacio de Loyola y de san Francisco Javier, acaecida el 12 de marzo de 1622, el Colegio Jesuita de Alcalá decidió organizar un octavario de fiestas para conmemorarlo. Debido a su estrecha relación con el colegio, a su prestigio y a su título de cardenal, decidieron pedirle a Agustín Spínola que oficiase la misa que se celebraría el primer día. Deseaban también que la Universidad participase de los actos y que el rector, el Dr Juan de la Orden Quijano, dijese la misa del último día, teniendo por lo tanto a dos eminencias abriendo y cerrando los festejos. Sin embargo, el Dr. Quijano consideró que sería una gran oportunidad poder dar el sermon en una misa oficiada por un cardenal, teniendo a una personalidad como Agustín Spínola como oyente para mayor gloria. Así se comunicó a los jesuitas que no pusieron ningún impedimento.

“San Ignacio de Loyola” en la fachada de la Iglesia de Jesuitas.                                    Fotografía: José Carlos Canalda

Empezó la misa y, llegado el momento, el rector Quijano se adelantó a pedir la bendición del cardenal y subió al púlpito. Pero ocurrió algo peculiar: éste pidió a los padres jesuitas que se le pusiese una almohada en él, algo sólo reservado a los prelados aunque los rectores de Alcalá solían utilizarlo también para ostentación de su cargo. Así, y tras la lectura del Evangelio por parte del Cardenal, el Doctor se preparó para dar el sermón. Y fue entonces cuando comenzó a torcerse la situación.

El maestro de ceremonias dijo a Agustín que iba contra el ceremonial que el rector dijese el sermón delante de un cardenal con esa parafernalia que era reservada sólo a obispos y otras dignidades de la Iglesia. Añadió también, quizás como excusa, que le faltaban dos asistentes que marcaba el protocolo por lo que lo más razonable sería continuar y terminar la misa, dejando el sermón del rector para el final y ya habiéndose ausentado el cardenal Spínola. Así se lo comunicó al dirigente universitario, que le respondió que estando en el púlpito tenía inconveniente en bajarse a lo que replicó el prelado que mayor inconveniente era saltarse el protocolo. Así, finalmente, Juan de la Orden Quijano bajó a su silla con cara de circunstancias mientras el Cardenal entonaba el Credo, preguntándose si no era indigno aceptar predicar una vez acabada la misa. Pero no acabó ahí todo.

Sillón doctoral de la Universidad de Alcalá (s.XIX)  Dibujo conservado por la Biblioteca Nacional

Sillón doctoral de la Universidad de Alcalá (s.XIX)
Dibujo conservado por la Biblioteca Nacional

Los estudiantes comenzaron a murmurar por la situación y uno de ellos, Doctor de la Universidad, se acercó al Rector a decirle que por decencia debía irse a su casa. Y él así lo hizo, marchándose de la Iglesia de los Jesuitas en medio de la ceremonia y dedicando duras palabras contra el cardenal. Y para los estudiantes, como podéis imaginar, fue bastante para amotinarse todos, que a cualquier alboroto se mueven con ligereza y de todo hacen ruido y pendencia. Conque a voces descompasadas comenzaron a decir “Viva el señor Rector y muera el Cardenal. Muera él y todos lo de su valía”. Así se marcharon de la iglesia a coger armas con estoques y carabinas y volvieron hacia el Colegio de los Jesuitas con ánimo de irrumpir en la misa y atacar al Cardenal Spínola.

Interior de la Iglesia de Jesuitas (1920-1936) Fotografía Moreno (IPCE, MECD)

Interior de la Iglesia de Jesuitas (1920-1936)
Fotografía Moreno (IPCE, MECD)

Fueron los padres jesuitas los que salieron a la calle para evitar la entrada de los estudiantes e intentar calmar la situación, aunque no terminaban de conseguirlo. Fue entonces cuando el rector, ya más calmado, se dio cuenta del motín que había desatado y envió a sus justicias, los alguaciles, para intentar disolver a los universitarios. Y como esto no fue suficiente, acabó llamando a todos los colegiales mayores y a los Maestros en Artes para que calmaran los ánimos como así acabó sucediendo.

Mientras tanto, el Cardenal había seguido la misa como si nada estuviera pasando y una vez acabada se reunió con el rector y los padres jesuitas. Sorprendentemente, al contrario de la reprimenda que aquellos esperaban, Agustín quitó hierro al asunto y pidió que comenzasen de nuevos las festividades para que este acontecimiento no ensombreciera las fiestas de la canonización de San Ignacio. Así terminó esta peculiar, y peligrosa, situación que aconteció en Alcalá en marzo de 1622.

Colegio Convento de Jesuitas (s.XIX) Dibujo publicado por Esteban Azaña en 1882

Colegio Convento de Jesuitas (s.XIX)
Dibujo publicado por Esteban Azaña en 1882

Al año siguiente, el rey Felipe IV decide promoverle para la silla episcopal de Tortosa, saliendo definitivamente de Alcalá en ese año de 1623 tras una larga y provechosa estancia de siete años. Agustín Spínola fue Obispo de Tortosa (1623-1626), Arzobispo de Granada (1626-1630), Arzobispo de Santiago (1630-1645) y Arzobispo de Sevilla (1645-1649). Además, ostentó cargos como el de Camarlengo Cardenalicio (1632), Consejero de Estado (1638-1649) y Gobernador de Galicia (1643).

Vista aérea de la Catedral de Sevilla dónde fue enterrado el Cardenal Agustín Spínola

Soy consciente de que puede parecer un artículo un poco cogido con pinzas para estar preparada en esta serie sobre el Ministerio del Tiempo pero para mí es un orgullo que el hijo de tan importante militar viniera a estudiar a nuestra universidad.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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