Melchor Rodríguez García, el Ángel Rojo.

La Guerra Civil aún nos duele. Quizás se deba a que no hemos tenido otro conflicto más cercano en nuestra tierra que nos la haya hecho olvidar o a la larga dictadura que la siguió, no lo sé a ciencia cierta. La realidad es que aún hay heridas abiertas que muchos se obstinan en bañar con sal en vez que sanarlas. No hay que olvidar lo que aconteció en aquel conflicto fratricida, ni mucho menos. Pero no se puede vivir en un odio casi centenario porque no es sano. Quizás me he metido en camisa de once varas pero es lo que pienso sobre aquellos tiempos oscuros.

Hoy tendemos a pensar que la Guerra Civil fue un periodo de muerte, odio, dolor y sangre. Y es cierto. Pero incluso en aquel ambiente bélico hubo hombres buenos que procuraron crear oasis de humanidad en medio del horror. Uno de ellos consiguió salvar la vida de más de mil personas en Alcalá un frío 8 de diciembre de 1936. ¿Queréis saber cómo ocurrió? Os invito a conocer a Melchor Rodríguez García, al que llamaban El Ángel Rojo, y su relación con nuestra ciudad.

Melchor Rodríguez recitando un poema a la bandera republicana durante un acto en Madrid (Otoño 1938)

Melchor Rodríguez García había nacido en el seno de una familia humilde del populoso barrio sevillano de Triana en 1893. La temprana muerte de su padre trabajando en los muelles del Guadalquivir provocó que a los diez años dejara de estudiar y comenzara a trabajar de calderero. Tras pasar por varios oficios, novillero incluido, se afilia a la CNT (Conferencia Nacional de los Trabajadores) en torno a 1920 cuando era oficial chapista de automoción. Su activismo durante la Dictadura de Primo de Rivera provocó que pasara varias veces por la cárcel, situación que también se dio durante el gobierno republicano.

Melchor Rodríguez en la cárcel de Porlier (1934)

De ideales anarquistas, creó un grupo llamado Los Libertos que le acompañarán durante muchos años y con los que se integra en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) a su creación en 1927. Su intensa actividad anarco-sindicalista continuaría durante toda la II República, presidiendo y participando en numerosos mítines pero siempre alejado de la política. Pero esta situación cambiaría al estallar la Guerra Civil.

Melchor Rodríguez (derecha) con Cipriano Mera (centro)

Al inicio del conflicto, la CNT y FAI deciden apartar su no alineación política y se ponen del lado del gobierno republicano, lo que a la larga provocaría que Melchor Rodríguez ocupara cargos políticos. Pero antes de ello, le dio tiempo a realizar la primera muestra del carácter humanitario junto a Los Libertos. Tan solo cinco días después del comienzo de la guerra, el 23 de julio, incautó el palacio del Marqués de Viana en Madrid y utilizó aquel edificio como refugio político para todo el que lo necesitara ante la barbarie a la que estaba asistiendo en Madrid. Al acabar la guerra, el edificio fue devuelto intacto a sus dueños.

Palacio de Viana, actual residencia del Ministro de Asuntos Exteriores.

El diez de noviembre de 1936 fue nombrado Delegado Especial de Prisiones en Madrid y desde el inicio ordena terminar con las terribles sacas de las cárceles madrileñas. Amenazas e interferencias hace que dimita tan solo cuatro días después. Veinte días más tarde, el cuatro de diciembre, es nombrado Delegado de Prisiones de la República y recibe poderes plenipotenciarios por parte del Ministro de Justicia. Detuvo las sacas y los fusilamientos, lo que le llevó a importantes disputas con los responsables del Órden Público de Madrid (Santiago Carrillo y José Cazorla). Y es aquí donde llegamos a Alcalá.

Homenaje de funcionarios de prisiones a Melchor Rodríguez (1937)

El día ocho de diciembre de 1936, Alcalá de Henares sufrió un terrible e intenso bombardeo por parte de las fuerzas aéreas rebeldes que trajo más muerte, caos y destrucción a nuestra ciudad. La enfurecida muchedumbre, acompañados de milicianos, llegaron ante las puertas de la cárcel complutense, situada en el antiguo Colegio-Convento de dominicos de Santo Tomás, con la intención de sacar a los 1532 presos políticos que allí se encontraban y asesinarles. Esto no era algo casual. Había pasado el 22 de agosto en la Modelo de Madrid y tan solo dos días antes, el seis de diciembre, en Guadalajara, donde 319 de los 320 presos de la cárcel de la ciudad habían sido asesinados como represalia.
En Alcalá, los líderes de la horda llegaron hasta el despacho del director, Antonio Fernández Moreno, y le exigieron que abrieran las celdas para llevarse a los presos. Él, bajito de cuerpo pero grande de alma según palabras de Rafael Luca de Tena, se negó. Pero la gente quería sangre y la situación estaba a punto de descontrolarse cuando apareció Melchor Rodríguez en un coche de la Dirección General de Prisiones. Estaba realizando un traslado de presos, de los que se encargaba personalmente para garantizar la seguridad de los reos. Y se encontró tamaño pastel.
A duras penas logró llegar al despacho del director y allí, tras enterarse de la situación, comenzó un enfrentamiento dialéctico de siete horas con los asaltantes en las que se produjeron insultos, amenazas, empujones, siendo encañonado en varias ocasiones. No las debió tener todas consigo cuando llegó a ordenar que, si le pasaba algo y la masa entraba en la cárcel, les entregaran armas a los presos para que pudieran defenderse.
En definitiva, fue una situación límite en la que se jugó la vida por reos con los que no compartía más que el hecho de ser humanos. Él mismo lo describió así:

¡Qué momentos más terribles aquellos! (…) Qué batalla más larga tuve que librar hasta lograr sacar al exterior a todos los asaltantes haciéndoles desistir de sus feroces propósitos. Y todo ello ante el tembloroso espanto de mi escolta, que, aterrados y sin saber qué hacer, se limitaron a presenciar aquel drama.

Entre los que salvó sobresalen, por diversos motivos, algunos nombres: los generales Muñoz Grandes y Valentín Gallarza, el cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, los políticos falangistas Rafael Sánchez Mazas, Alberto Martín-Artajo y Raimundo Fernández-Cuesta, los hermanos Luca de Tena, el ingeniero Alfonso Peña Boeuf, el Doctor Mariano Gómez Ulla, el futbolista Ricardo Zamora, el locutor de radio Boby Deglané, Miguel Primo de Rivera (hijo del dictador) y su mujer Margarita Larios.

Claustro de la antigua cárcel antes de la conversión en Parador.

Volvió a Alcalá para realizar traslados de presos varias veces hasta su destitución como delegado por enfrentamientos con los comunistas en marzo de 1937. Pasó entonces a un segundo plano hasta marzo de 1939, cuando se convierte en el último alcalde republicano de Madrid tras el golpe del coronel Casado y es el encargado de entregarla al bando franquista. Fue condenado a muerte, pena que fue conmutada por veinte años y un día tras los numerosos apoyos e intercesiones por parte de los que le debían la vida. Finalmente cumpliría cinco años, saliendo en libertad en 1944. Permaneció en España ganándose la vida como pudo, rechazando puestos de trabajo por parte de sus salvados (incluyendo un puesto en el Sindicato Vertical), y continuando una activa militancia anarquista. De hecho, en 1947 sería acusado y condenado por introducir propaganda anarquista en la misma cárcel complutense donde protagonizó aquel acto heróico. Quizás fuera la última visita a nuestra ciudad.

Melchor Rodríguez falleció el 14 de febrero de 1972 y su entierro, con rango de funeral de Estado, fue un caso único durante el Régimen. Se vieron juntos crucifijos y símbolos de la CNT y FAI y se oyeron padrenuestros e himnos anarquistas. Acaso un precursor de la conciliación de la ya tan próxima Transición.

Melchor Rodríguez (1964)

Cuando conocí la historia de este hombre bueno entendí en seguida que tenía que hablaros de él. Es una persona bastante desconocida y sin los reconocimientos que merece. En nuestra ciudad da nombre al centro de inserción social de Alcalá-Meco.
Si retrocedemos la mirada a los años de la Guerra Civil, más nos valdría posar la mirada en la humanidad de Melchor Rodríguez y otras personas como él que en las balas y barbaridades cometidas entonces. Ya lo dijo él mismo en aquellos tiempos terribles:

Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas

Anuncios

Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
Esta entrada fue publicada en ¿Sabías qué...? y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Melchor Rodríguez García, el Ángel Rojo.

  1. Oscar dijo:

    Un articulo genial, todo un logro y un gran personaje, ViVa España coño!! Y sus ciudadanos.

  2. Me ha encantado! Me recuerda a este artículo que escribí en mi blog sobre MI mEmoria Histórica
    http://leopardosenlanieve.blogspot.com.br/2012/05/mi-memoria-historica.html

  3. Y enhorabuena por el blog, soy alcalaina y amante de la Historia. Ahora estoy al otro lado del charco y echándo muchísimo de menos Alcalá; Tu blog me ayuda a aprender de ella aún estando lejos. Te lo agradezco de verdad. Sigue escribiendo, por favor.

  4. Pingback: La fuga de la asesina de la plancha | Historias de Alcalá

Deja tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s