A Alcalá, que no hay justicia

Vuelvo a retomar el blog tras las vacaciones veraniegas con otra muestra del refranero vinculado con nuestra ciudad. Un refrán que nos muestra una realidad de ese periodo tan literario que fue la Alcalá universitaria de antaño: A Alcalá, que no hay justicia.

Cuando el Cardenal Cisneros promulgó las Constituciones del Colegio Mayor y Universidad de Alcalá el 22 de enero de 1510, creó en nuestra ciudad la primera ciudad universitaria de la Historia (UNESCO dixit). Y es que con ellas y con otros ordenamientos y estatutos promulgados en los años siguientes, se creaba un auténtico corpus jurídico que abarcaba no solo un territorio, el universitario, sino a todos los miembros de la Universidad. Fue cuatro años después, el 23 de enero de 1514, cuando el Cardenal señaló quienes eran los aforados académicos: el Rector, los consiliarios, los profesores, los colegiales, los estudiantes y aquellos oficiales que trabajaban a sueldo en el Colegio y Universidad que eran dos escribanos, dos mayordomos, tres letrados, el receptor general, un alguacil, un panadero o panadera, un barbero, un boticario, un sastre y todos aquellos libreros e impresores que viviesen en Alcalá de continuo.

Constituciones originales del Colegio de San Ildefonso y Universidad de Alcalá de Henares (1510) Manuscrito en pergamino

Constituciones originales del Colegio de San Ildefonso y Universidad de Alcalá de Henares (1510) Manuscrito en pergamino

¿Pero qué tiene que ver esto con aquello de “A Alcalá, que no hay justicia”?

Los estudiantes universitarios estaban siempre bajo fuero académico, estuvieran donde estuvieran. Si cometían alguna tropelía y eran atrapados por la justicia civil, solo tenían que escribir una carta al Rector para explicarle su situación y este remitía una misiva al lugar donde estaba preso en la que se exponía que el reo era estudiante y estaba bajo fuero universitario, siendo el propio Rector el único con poder y derecho a juzgarle. Es decir, que la justicia civil se veía obligado a enviar al estudiante preso a Alcalá. Y siendo el Rector un Colegial, es decir, un estudiante, jamás juzgaría y condenaría al universitario con la misma dureza con la que lo sería por la justicia civil. Si es que les juzgaban y condenaban por su delito.

Esto era sabido, y bien sabido, por los estudiantes, los cuales se aprovecharon de esta situación legal para hacer y deshacer a su antojo por toda la ciudad, provocando conflictos entre las autoridades universitarias y municipales hasta el punto que los primeros intentaron marcharse de Alcalá en varias ocasiones. Esta cierta permisividad que tenían los estudiantes se acabó conociendo por toda la Península, dando lugar al refrán del que os he hablado hoy: “A Alcalá, que no hay justicia”.

Y eso que no es que no hubiera justicia, sino que llegó a haber tres: la universitaria, la civil y la eclesiástica. Pero tres justicias o jurisdicciones diferentes en una población como Alcalá daba lugar a resquicios y vacíos legales de los que los estudiantes, como no, sacaron el máximo provecho.

 

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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