La muerte del pintor Juan Cano de Arévalo

Hoy os traigo una de esas historias olvidadas de nuestra ciudad. Una anécdota con solera y sabor a antiguo, en el que se entremezclan un artista, un duelo y una corrida de toros. Pero antes de contárosla, descubramos quien era el protagonista.

Según nos cuenta Juan Agustín Ceán Bermúdez en su Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España(1800), Juan Cano de Arévalo nació en Valdemoro en 1656. Discípulo del artista madrileño Francisco Camilo, sobresalió desde su juventud en el arte de pintar figuras pequeñas. De hecho, comenzó una brillante carrera de pintor de abanicos que le llevó a ser nombrado pintor de la reina.

Cúpula de la Capilla de las Santas Formas. Pinturas de Juan Vicente de Ribera. Fotografía propia.

Cúpula de la Capilla de las Santas Formas. Pinturas murales de Juan Vicente de Ribera.
Fotografía José Antonio Perálvarez.

Una vez cumplido los treinta, quiso probarse con las figuras grandes, como las llamaban en aquellos tiempos. Vino a Alcalá para ayudar a Juan Vicente de Ribera en las pinturas murales al temple de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas y de los ábsides de las naves y presbiterio de la antigua Parroquia de Santa María la Mayor (hoy desaparecidas). Trabajó en solitario en las pinturas murales de la Capilla del Rosario de la iglesia parroquial de Valdemoro, donde además se conserva un cuadro suyo de San Antonio de Padua y la Virgen. Por último, ilustró la portada de una obra de Juan de Vera Tassis y Villarroel sobre la reina María Luisa de Orleans.

"La Asunción" por Juan Vicente de la Ribera. Parroquia de Santa María la Mayor (hoy desaparecida) Fotografía de Vicente Moreno (Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte)

“La Asunción” por Juan Vicente de Ribera. Parroquia de Santa María la Mayor (hoy desaparecida)
Fotografía de Vicente Moreno [Archivo Moreno, IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte]

Pero Juan Cano de Arévalo no solo fue pintor sino que desarrolló una desmedida afición por la esgrima. Tenía tal destreza con la espada que formó parte de un grupo de espadachines con los que llegó a viajar a Andalucía para realizar exhibiciones. Un artista, vaya.

Una vez conocido al personaje, la historia. Corría el año de 1696 cuando Juan Cano de Arévalo se encontraba en Alcalá, quizás ayudando a Juan Vicente de Ribera en las Santas Formas, terminadas tres años después. En nuestra ya flamante ciudad había fiestas y la Plaza del Mercado (hoy de Cervantes) era el lugar donde se desarrollaban las principales actividades, sobresaliendo entre todas ellas las fiestas de toros. Los sitios para asistir a estas corridas taurinas eran muy cotizados y nuestro protagonista se batió en duelo por uno de ellos. Como hábil espadachín que era, ganó el desafío y consiguió el premio aunque no pudo llegar a disfrutarlo: Dos amigos del vencido le sorprendieron desarmado y le hirieron de gravedad. Aún malherido, pudo volver a su casa de Madrid y allí fallecería debido a las heridas sufridas, con apenas cuarenta años de edad.

Así terminó la vida de Juan Cano de Arévalo. Pintor de abanicos y de murales, pintor de la reina y espadachín. Un artista en definitiva.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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