Los empollones

Todos sabemos el significado actual de la palabra empollón pero, ¿Sabéis cuál es su origen?

Siglos atrás, había diferentes tipos de estudiante dentro de las universidades clásicas: colegiales, porcionistas, familiares, sopistas, chofistas y otros nombres que os explicaré en una entrada próxima. Que los estudiantes se clasificaran por tipos se debía, sobre todo, a su origen social y a cómo se mantenían dentro de la Universidad: había estudiantes nobles que pagaban por estudiar, había estudiantes pobres con becas por lo que no debían preocuparse por el dinero y había estudiantes pobres que tenían que buscarse la manera de estudiar y ganar dinero a la vez. Y aquí es donde entramos de lleno a la sorprendente historia de hoy.

Uno de los trabajos que solían hacer estos estudiantes pobres en nuestra Universidad consistía en calentarle el asiento a otro estudiante. Debemos pensar que siglos atrás no existía la calefacción y en las clases más tempraneras debía ser un suplicio sentarse sobre un banco helado durante horas (si queréis sentir vivir esa experiencia, os valen los bancos de piedra en pleno invierno). Pues bien, los estudiantes pudientes contrataban a otros estudiantes para que fueran a las aulas, situadas en el Patio de Santo Tomás de Villanueva, un rato antes de la primera clase y se sentaran en su sitio. De esta manera, el estudiante rico se sentaba en un asiento caliente y los pobres lograban ganar algo de dinero. Los estudiantes que se ganaban la vida de esta manera recibieron el mote de “empollones” pues es lo que hacían: empollar el asiento, como si fueran gallinas, con el objetivo de calentarlo.

Como antiguo miembro del servicio de visitas guiadas de la Universidad de Alcalá he contado esta historia cientos de veces. Dentro de la visita guiada por el Rectorado, es uno de los momentos en los que los turistas hacen más comentarios jocosos y el Patio de Filósofos se llena de risas. Por desgracia, una de esas personas, de esos compañeros con los que tuve la oportunidad de convivir durante aquel tiempo, no podrá volver a contarla. Por ello dedico esta historia a todas esas maravillosas personas que, como los estudiantes pobres de antaño, realizamos un servicio en la Universidad a cambio de una beca hasta llegar a formar una pequeña familia: a Manolo, a Clara, a Jota, a Luis, a Dani, a Elena, a Sergio, a Andrés, a Diana, a Nuria, a Fran, a Juanqui, a Noelia, a Diego, a Andrea, a Geanina, a Manu, a Carmen Livia, a Susana, a Ana, a Raquel, a Isabel, a Gemma, a Nube, a Lolo, a Ida, a Rafa, a María, a Mónica, a Haana y, sobre todo, a Sara. Te vamos a echar mucho de menos.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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