El hijo de Nebrija

Con ocasión de la visita que hice con algunos amigos y antiguos compañeros del servicio de visitas guiadas de la Universidad de Alcalá a la recién restaurada Capilla de San Ildefonso, recordé un curioso, aunque con final infeliz, episodio de los primeros tiempos de la Universidad Cisneriana.

Cuando Cisneros se propuso traer a Elio Antonio de Nebrija a enseñar a la universidad que estaba construyendo en Alcalá, le ofreció multitud de prebendas para convencerle. Entre ellas, una destacaba por intentar tocar la fibra sensible del gran gramático de la lengua castellana: ofrecer una beca en el Colegio Mayor de San Ildefonso a su hijo Fabián, que ya era Bachiller. Así, en 1508, Elio y Fabián vienen a Alcalá de Henares: uno para ayudar en los trabajos previos de lo que acabaría siendo la Biblia Políglota Complutense; el otro a estudiar en nuestra universidad.

Desde su llegada, Antonio de Nebrija se quejó repetidas veces al Cardenal Cisneros de las condiciones insalubres del Colegio Mayor. Parece ser que en aquellos tiempos, el Henares formaba zonas pantanosas en las proximidades de Alcalá y, unido a la altura de los cerros que evitaban la ventilación (en palabras de Vicente de la Fuente), provocaban brotes de enfermedades mortales como las fiebres tercianas, pulmonías o neumonías. Cisneros intentó paliar la insalubridad de la zona con plantaciones de encinas y arbolado pero los pastores se encargaron de que aquella vegetación no prosperase. Además, el hecho de construir el Colegio Mayor con ladrillo y adobe no favorecía precisamente el prevenir esas enfermedades.

Y fue así como, en 1515, el Bachiller Fabián de Nebrija, quien había llegado a ser Tesorero del Colegio Mayor un año antes, se convertía en el tercer colegial fallecido en el Colegio por culpa de ellas. Cisneros ordenó que fuera enterrado en la Capilla de San Ildefonso, donde reposan sus restos desde entonces.

A pesar de sus continuas quejas y advertencias a Cisneros respecto a la insalubridad del lugar, Nebrija no abandonó Alcalá tras la muerte de su hijo. De hecho, siguió siendo catedrático de Retórica y un vecino más de nuestra ciudad hasta su fallecimiento por un ataque de apoplejía el 5 de julio de 1522. Desde entonces descansa, como su vástago, en nuestra recién restaurada Capilla de San Ildefonso.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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