Los candados de la estatua del Arzobispo Carrillo

Si paseamos por la Calle de las Beatas, que une la calle Libreros y la Plaza de San Diego, nos encontraremos con la estatua del Arzobispo Alonso Carrillo de Acuña, inaugurada en 1987, enfrente del Convento de Clarisas de san Diego, famosas por sus almendras garrapiñadas.

Foto propia

Fotografía: José Antonio Perálvarez

No sé si os habéis fijado alguna vez en un detalle que tiene la estatua: en la verja que la rodea hay candados. Podríamos pensar que esos candados los pusieron parejas de enamorados que se juraron amor eterno al colocarlo, como se hace en diferentes sitios (puentes sobre todo) en muchas ciudades europeas como Roma, París, Dublín o Florencia. Y es cierto que hay candados puestos por ese motivo, pero ellos no sabían que los más antiguos que ya estaban allí no se pusieron por eso.

El origen de los candados en dicha verja no tiene nada que ver con parejas de enamorados. Como sabéis, y muchos recordaréis, los Cuarteles del Príncipe y de Lepanto mantuvieron su función militar hasta que fueron cedidos a la Universidad en 2005, siendo uno de los destinos de aquellos que hicieron la mili. Entre ellos, y entre los soldados que cambiaban de destino, se extendió la costumbre de dejar los candados de sus taquillas en la verja del Arzobispo.

Fue una tradición efímera en su duración pero nos ha dejado un puñado de candados, de recuerdos al fin y al cabo, colgados a los pies del Arzobispo Carrillo.

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Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
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3 respuestas a Los candados de la estatua del Arzobispo Carrillo

  1. Pingback: La Virgen del Val | Historias de Alcalá

  2. Chema Est dijo:

    Los candados realmente eran los de los petates. Una especie de bolson que te daba el ejercito para llevar los efectos personales y que los reclutas protegian con un candado. Cuando te licenciaban o daban la blanca, juerga por las tabernas y dejabas el candado de recuerdo. Magnifica pagina.

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