La Alfonsina

Cuando el Cardenal Cisneros organizó los estudios de Teología en la Universidad de Alcalá, decidió que sus estudiantes deberían hacer una serie de ejercicios literarios que debían superar para poder continuar con sus estudios. La carrera duraba diez años en total en su origen y esta serie de ejercicios o exámenes comenzaban a partir del segundo lustro, siendo un total de siete. De entre ellos, el que sobresalía por su extraordinaria dificultad, era el primero: “la Alfonsina”, llamada así por el Colegio Mayor de san Ildefonso. Este examen desapareció en 1829, poco antes del cierre de la Universidad.

Paraninfo. Tourte y Petitin (1914)

Paraninfo de la Universidad de Alcalá (1914) Fotografía Tourte y Petitin

En este ejercicio, el estudiante de Teología debía responder a un total de 120 cuestiones teológicas, en latín y utilizando el esquema socrático de argumentación, ante el Claustro completo de Catedráticos y Doctores en Teología de la Universidad de Alcalá, quienes podían debatirle todo lo que quisieran durante el examen. Es decir: que en el examen participaban como examinadores no solo los profesores universitarios sino todos aquellos que se hubieran doctorado en Teología por nuestra universidad y se encontraran en la población, entre los que se incluían todos los canónigos de la Magistral. Al final del mismo, todos ellos votaban si el estudiante pasaba la Alfonsina o no.

Cuando el estudiante aprobaba continuaba con sus estudios pero si suspendía, estaba obligado a repetir el ejercicio si quería continuar sus estudios en Alcalá. Sin embargo, nadie repetía puesto que preferían examinarse en otras universidades ante la dureza de la Alfonsina complutense, volviendo luego a Alcalá para continuar sus estudios. Al hacerlo así, los futuros Doctores en Teología no podían aspirar a ser canónigos de la Magistral puesto que era condición indispensable haber realizado la carrera completa, ejercicios incluidos, en Alcalá.

Solamente los mejores estudiantes pasaban la Alfonsina, que en sus tiempos fue el examen más duro de cuantos se realizaban en las universidades españolas y solo era comparable a la Sorbónica de París. Así pues, aprobarlo era un motivo de gran orgullo y muestra de una gran erudicción.

Vicente de la Fuente, estudiante de Alcalá del que algún días os hablaré, cuenta en su “Historia de las Universidades” que no pudo ver ninguno de estos ejercicios puesto que se matriculó en Alcalá tan solo tres años después de su desaparición. Sin embargo, cuenta que conoció a algunos de los últimos examinados y hablaban con terror de este ejercicio. No es para menos.

Anuncios

Acerca de José Antonio Perálvarez

Licenciado en Historia, Experto en Gestión de la Información, Docente ocasional y Guía Turístico de Cervantalia y Alcalá Bikes. Complutense y amante de nuestra ciudad
Esta entrada fue publicada en Universidad Cisneriana y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s